miércoles, 16 de marzo de 2011

Cuando los barcos ya navegan tranquilos.

Cuando la marea estaba alta quizás no veía la hora que la noche pasara para poder ver más claro y sentirme un poco más abrigada con los rayos del sol, a pesar de que me abrazaban miles de estrellas, las olas hacían lo suyo y no concebía quedarme sentada, quieta ni tranquila, contando los minutos y segundos que quedaban para el amanecer. Minutos infinitos y segundos eternos, que parecía ser que demoraron siglos en pasar, pero que aún así eran los que más quería que se repitiesen, momentos exitantes, que no importaba mucho lo que pasará en tierra momentos en que la vida era el mar, y los peces acompañantes vagabundos, que aparecían de ves en ves.
Cuando llegaba el día, el mar se tranquilizaba el sol me abrigaba y no sientía miedo de esa marea alta que se aparecía por las noches. Y así en las noches las estrellas me acompañaban cual perro a su amo sin dejar de verme cuando dormía y sin dejar de guiarme cuando navegaba tranquila por el mar, tan infinito y misterioso.


(- Hay veces en que pagaría por volver a sentir esos minutos infinitos y esos segundos eternos de marea alta)

viernes, 4 de marzo de 2011

Nos conformamos por vivir infelices
porque nos da miedo el cambio.